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La violencia contra la mujer es uno de los problemas de salud pública más preocupantes de nuestro país, no sólo por los daños físicos: muerte, golpes, entre otros; sino por los daños a nuestra mente: ansiedad, indignación, humillación, desesperanza, entre otros.

La violencia se manifiesta en las relaciones construidas entre las personas. Las relaciones son mediadas no sólo por las personas implicadas, sino también por el contexto, es decir por las costumbres, normas, políticas e instituciones sociales construídas a através de la historia de un determinado lugar. Por ello, para atender este problema, no sólo debemos trabajar con la víctima, sino con todas las personas, ya que es necesario dinamizar las relaciones socialmente construidas.

Formar a nuestros niños, niñas y jóvenes para erradicar la violencia contra la mujer, es educarlos en valores basados en el respeto, la autonomía y la dignidad:

•    Respeto: es reconocer, valorar y apreciar las cualidades o carácterísticas, de nosotros mismos, así como de las demás personas.
•    Autonomía: es reconocer la capacidad para tomar decisiones, en nosotros mismos, así como en las demás personas.
•    Dignidad: es hacer valer como persona, sin humillarse ni degradarse, a nosotros mismo, así como a las demás personas.